Collapse surge del encuentro entre fuerzas opuestas: lo terminado y lo que parece deshacerse, el orden y la fragmentación. La colección explora la contradicción como territorio creativo, donde cada decisión formal responde a una intención precisa. Las prendas presentan asimetrías marcadas —delanteros más cortos, espaldas extendidas y proporciones inesperadas— que generan movimiento y tensión visual. Nada es arbitrario; cada desequilibrio funciona como un gesto consciente, casi arquitectónico.
La sastrería clásica, rigurosa y estructurada, dialoga con piezas construidas desde la recomposición. Tejidos ensamblados a partir de retales y patchworks evocan prendas en proceso, como si la materia aún estuviera definiendo su forma final. Lo formal se cruza con lo inacabado; lo sólido convive con lo vulnerable. En este contexto, el smoking se transforma en un elemento clave: pierde su solemnidad tradicional y se integra en un lenguaje contemporáneo donde la formalidad se flexibiliza y se convierte en expresión.
Un sutil guiño a los años sesenta aporta siluetas limpias y una feminidad contenida, reinterpretadas desde el presente y alejadas de la nostalgia. Collapse no pretende resolver la contradicción, sino habitarla y convertirla en su esencia.