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Nací el 8 de marzo de 1998 en Tarragona y mi niñez y adolescencia estuvo repleta de arte, música y volley ball. Formada en el colegio salouense Escola Elisabeth, y después de estudiar el bachillerato social, el pasado julio de 2020 me gradué en Diseño de Moda en la Universidad LCI Barcelona. Mi Trabajo de Final de Grado fue una colección llamada AJAL1851, que me permitió entrar en el codiciado concurso Arts Of Fashion Foundation (AOFF) de San Francisco, quedando finalista junto a 49 estudiantes más de todo el mundo.

La agencia NNPress, me fichó ese mismo septiembre. Gracias a ellos, mis prendas han salido en publicaciones internacionales como Vogue Rusia o L’Officiel Monaco. Así mismo, el fashion film de mi primera colección ha sido seleccionado en el concurso Fashion Films RD, un concurso internacional de República Dominicana.

En noviembre de 2020, nace el proyecto de marca Paola Molet, contando con una primera colección presentada en la anterior edición del mes de abril en la 080 Barcelona Fashion.

Desde muy pequeña siempre he soñado con la moda. Crear algo nuevo a través de tejidos y patrones. Hoy puedo presentarme a los demás como diseñadora, y mi objetivo es expresar todo aquello que siento mediante colecciones y prendas. Mi meta es crear moda cuidando al máximo cada pequeño detalle para que el resultado sea único y conocer y compartir nuevas experiencias con profesionales del sector que tengan tantas ganas de disfrutar de este maravilloso mundo como yo.





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28 octubre 2021

20:00

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Colección_Camille

La historia se repite y Camille Claudel es una de esas artistas que ha quedado en nuestra memoria, cómo no, por su vida amorosa y no por su obra. 
El amor ha caído como una losa sobre las mujeres que dedicaron su vida al arte y tuvieron la mala suerte de enamorarse de otro artista.

El mecanismo es sutil pero certero: ellas acaban convertidas en musas, ellos en iconos no solo de su época, sino del movimiento artístico al que se adscriben y de todos aquellos que vienen por detrás ansiando parecerse, aunque sea en el blanco de los ojos, al genio. El hombre. El creador. La alegoría de lo perfecto.

Camille Anastacia Kendall Maria Nicola Claudel, nacida en 1864, fue una escultora francesa proveniente de una familia adinerada. Desde muy temprano se interesó por la escultura, demostrando aún a corta edad sus dotes moldeando y diseñando figuras de barro inspiradas en los miembros de su familia.

Con doce años se traslada a Nogent-sur-Seine, y esto, sin duda, supone un gran impulso para su carrera. En 1882 será admitida en la Escuela de Bellas Artes de París, ingresando en la Academia Colarussi. Será en ese año cuando conozca a Rodin, que ejercía como profesor sustituto en la escuela.

A partir de ese momento Camille empieza a posar para el artista y todas sus obras quedan invadidas por sus rasgos. Para entonces, Camille contaba tan solo con diecinueve años, mientras que Rodin, por su parte, tenía cuarenta y tres. Sin embargo, esto no impide que comiencen una relación de amor profundamente tormentosa. Y es que Camille, como tantas, no pudo escapar de las garras del intenso artista que la moldeaba a su antojo con sus manos.

La belleza y el talento de la obra de Camille se han visto ensombrecidas por la tormentosa relación que mantuvo con Rodin. Él era un hombre promiscuo y casado. Camille no fue la única amante que mantuvo durante este tiempo. Las peleas, los celos, fueron una tónica durante sus casi catorce años de relación.

Como siempre, el genio de Camille se diluía bajo la sombra de la figura de Rodin. Sabemos ahora que la artista participó de muchas de sus obras, aunque él se dedicara a menospreciarla continuamente. Ella misma lo reconocía en la correspondencia que mantenía con el artista al afirmar que las obras que este presentaba como propias eran producto de su talento.
Rodin sometió a Camille a constantes vejaciones, reproches y humillaciones. Se exhibía con otras mujeres en su presencia y después le prometía sin cesar que ella sería la única mujer de su vida, algo que nunca llegó a cumplir, consiguiendo incluso que Camille abortara obsesionada por el amor del artista.

En 1898 consigue, por fin, sacar la fuerza suficiente como para abandonarlo.
A partir de ese momento la artista se encerró en su propio estudio y empezó a esculpir, de forma incansable, cabezas de niños que destrozaba casi inmediatamente. Así, el 10 de marzo de 1913, tres enfermeros enviados por su familia echaron la puerta de su estudio abajo y le colocaron una camisa de fuerza. Posteriormente fue ingresada en un psiquiátrico donde pasó el resto de su vida.

Se le diagnosticó una sistemática manía persecutoria acompañada de delirios de grandeza’, frase que resume perfectamente el precio a pagar por no compartir el destino que se esperaba en aquella época para las mujeres. Al final de su vida recuperó aquella cordura perdida, pero nadie la reclamó.

Camille murió el 19 de octubre de 1943, a la edad de setenta y ocho años. Así que Rodin, como tantos otros, dejó un rastro de mujeres destrozadas a su paso y se llevó por delante la genialidad de una artista a la que destrozó en vida.

Ella murió sola, a los 78 años, después de una vida de tormentos y tan alejada de aquellas esculturas que brotaban de sus manos desde pequeña. Él, pasó a la historia como un genio digno de admiración, enterrando en el olvido su reprobable comportamiento.

El dolor de Camille es el dolor de Frida, de Artemisia, de Lee Krasner, y el de tantas mujeres con una carrera brillante destrozada por quienes decían quererlas y olvidadas en favor de aquellos hombres. ¿Por qué no hay mujeres artistas? Nos preguntamos. Sí las hay. Son miles. Pero han quedado reducidas, por desgracia, a simples musas: muñecas rotas que naufragan en el tiempo entre el dolor y el olvido.

En memoria de Camille Claudel
Artículo extraído de “The Art Market”



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